TURISMO RURAL, MUNICIPIO Y GESTIÓN DEL MARKETING OLFATIVO (II)

El turismo no es solo un agente de transformación territorial: bien diseñado y regulado, puede convertirse en una de las fuerzas más eficaces para reducir conflictos por olores, mejorar la convivencia y elevar la calidad ambiental, paisajística y perceptiva de un municipio. Pero ¿Cómo puede contribuir el turismo rural a mitigar los problemas de malos olores?
Cuando existen recursos, criterios técnicos y voluntad política, el turismo rural —como sector especialmente afectado— puede contribuir en tres ámbitos:
1. Recursos económicos y presión institucional
La actividad turística aporta ingresos a las arcas municipales y ejerce una presión positiva para captar fondos destinados a mejoras ambientales. Esto facilita inversiones en medidas de contención de olores:
cubiertas para balsas de purines,
sistemas de separación sólido-líquido,
digestores de biogás,
compostaje controlado,
barreras vegetales, entre otros.
Además, genera empleo y actividad económica sostenible, ofreciendo ingresos complementarios a explotaciones agropecuarias extensivas o de pequeña escala, así como a productores locales (quesos, jamones, miel, aceite, vino).
2. Ordenación y negociación de actividades
El sector turístico impulsa una zonificación más controlada y puede negociar calendarios y horarios menos lesivos para las actividades con mayor impacto odorífero: ventilación y limpieza de naves, esparcido de purines fuera de puentes y fines de semana, o volteos de compost en temporada baja. Estas medidas mejoran el paisaje, la convivencia y la calidad de vida.
3. Criterios técnicos y marketing olfativo
El sector turístico cuenta con empresas especializadas en inconformidades ambientales y, especialmente, en marketing olfativo. Esta disciplina no contribuye a “tapar” olores, sino en construir identidad territorial mediante aromas que acompañen al visitante, refuercen el carácter del lugar y modulen su percepción emocional:
fragancias naturales relajantes (lavanda, romero, cedro),
aromas cálidos (madera, chimenea, pan),
esencias frescas en verano (menta, cítricos suaves).
El olfato es el sentido más emocional y más ligado a la memoria. Trabajar el odomarketing en alojamientos y servicios permite compensar impactos, diferenciar espacios y enriquecer la experiencia turística.
4. Cambio de narrativa y valorización sensorial
El turismo puede transformar la narrativa del mundo rural mediante ferias, talleres de productos locales, visitas y convivencias en granjas (agroturismo, apiturismo, etc.). Surge así un turista experiencial que revaloriza los olores y realidades del territorio a través de rutas sensoriales, como las dedicadas al silencio, a la observación de fauna y flora o al colorido de la lavanda.
Pero el último paso siempre reside en la voluntad política, imprescindible para integrar estas soluciones en una estrategia territorial coherente y regenerativa.
Más información: Rubio Gil, Á., Fernández de Alarcón Roca, ºB., & González Arnedo, E. A. (2023). El marketing olfativo en el nuevo hotel experiencial: Un estudio a través de las opiniones del sector hotelero y su clientela. Cuadernos de Turismo, 51, 19–49.






