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La Plaza del Pueblo

Público·1311 Citizens

La gastronomía como tecnología cultural viva.

Hoy, dentro de El País, uno encontraba el suplemento "China Daily" con una contraportada que recoge un artículo de Li Yingxue sobre "una campaña en toda la ciudad que celebra las tradiciones culinarias de la capital china". Al respecto de esa capacidad de China de seguir conectada a sus tradiciones culinarias al tiempo que sigue avanzando, aquí va una reflexión sobre la gastronomía.



La gastronomía no es solo un compendio de recetas;

es un sistema de transmisión de memoria, técnica, conocimientos, identidad y relación.


Cuando una cocina se congela en el pasado, se convierte en museo. Y cuando se desliga de su historia, se vuelve producto vacío.

Pero cuando tradición y creatividad dialogan, la cocina vuelve a ser cultura viva.


Un plato no es solo alimento, es un archivo comestible.

Cada técnica es el resultado de siglos de ensayo y evolución.

Cada ingrediente arrastra geografía, clima, comercio, poder y ritual. Cada receta es una ecuación que se resuelve al cocinarla y compartirla.


Por todo esto, y por multitud de factores humanos, innovar no es romper con la tradición, sino entenderla lo suficiente como para permitirle transformarse sin perder su gramática.


Cuando un plato se presenta con su historia, el comensal deja de ser consumidor y pasa a ser heredero y transmisor.

No solo prueba un sabor: comprende un mundo y tiene la capacidad de poder servir de vehículo del mismo.


La gastronomía pertenece a la comunidad.

Cuando se comparte, se cocina juntos y se narra,

se convierte en herramienta de cohesión, dignidad, encuentro y patrimonio.


En pueblos, ciudades y territorios, la cocina puede combatir la soledad, activar la intergeneracionalidad y reconstruir vínculos que parecían perdidos.


Los mapas gastronómicos no deberían señalar solo dónde comer, sino: quién recuerda, quién sabe, quién transmite

y qué historias siguen vivas en las manos que cocinan.


Cocinar juntos es una forma de diplomacia silenciosa.

La buena comida cruza fronteras, lenguas y biografías.

En la mesa compartida, la diferencia no se elimina: se comprende.


Por eso, la gastronomía no es nostalgia. Es una tecnología cultural de futuro. Es una herramienta para leer el pasado, habitar el presente y diseñar comunidades más humanas.


Mientras haya alguien dispuesto a escuchar una receta

y a cocinarla con respeto, esa cultura seguirá viva.

Y mientras la cocina siga siendo relato, gesto y encuentro,

la historia no se perderá; se seguirá comiendo.

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Muchos de los grandes recuerdos de nuestra historia vital se han generado alrededor de una mesa, o de un encuentro en el que la comida es uno de los elementos esenciales. La gastronomía va directamente asociada a la identidad de una comunidad, a su cultura social. Y un legado único con el que seguir alimentando nuestros territorios 💚

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