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TURISMO RURAL, MUNICIPIO Y GESTIÓN DEL MARKETING OLFATIVO(I)


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TURISMO RURAL, MUNICIPIO Y GESTIÓN DEL MARKETING OLFATIVO (I)

Los olores —y su adecuada gestión— constituyen uno de los conflictos más habituales en la convivencia entre actividades agropecuarias e industriales, zonas habitadas y destinos de turismo rural. Aunque forman parte inherente de la vida agraria, su intensificación puede comprometer la viabilidad de empresas, afectar a la calidad de vida, incidir en la salud pública y deteriorar la percepción social del territorio. Por ello, en esta primera parte abordamos los principales retos a los que se enfrentan los municipios; en la segunda, trataremos las soluciones que el sector turístico puede aportar tanto a la comunidad rural como al visitante.

¿Por qué se producen malos olores en el medio rural? En primer término, por actividades del sector primario y secundario altamente industrializadas. Las macrogranjas generan grandes volúmenes de residuos y concentran miles de animales en espacios reducidos, lo que incrementa notablemente el potencial de emisiones odoríferas. A ello se suman otras actividades agropecuarias con procesos de fermentación: balsas y fosas de estiércoles, fertilizantes orgánicos, compostaje, gestión inadecuada de residuos o quemas permitidas.

En el sector secundario, las industrias agroalimentarias (mataderos, queserías, secaderos, fábricas de piensos), la transformación de biomasa y determinadas industrias químicas o de materiales contribuyen con olores derivados de grasas, fermentaciones, subproductos, emisiones de compuestos orgánicos volátiles y procesos térmicos o de combustión.

¿Qué soluciones se plantean ante los conflictos entre actividades rurales, núcleos urbanos y turismo? La normativa sobre distancias entre explotaciones y zonas habitadas —regulada por normativas autonómicas, ordenanzas municipales y planeamiento urbanístico— resulta eficaz cuando existe capacidad de sanción y una planificación territorial coherente.

Sin embargo, su efectividad se ve limitada por la dificultad de medir y objetivar la percepción de los olores, condicionada además por factores atmosféricos como viento, humedad o temperatura. Por ello, la gestión del problema exige la participación de los sectores implicados y de la población local. A esta complejidad se suma la ausencia de una normativa estatal específica y el avance de la urbanización o de actividades económicas intensivas, como las macrogranjas, cuyas emisiones son más elevadas y persistentes, y más difíciles de controlar únicamente mediante ordenanzas.

El turismo no es solo un agente de transformación territorial: bien diseñado y regulado, puede convertirse en una de las fuerzas más eficaces para reducir conflictos por olores, mejorar la convivencia y elevar la calidad ambiental, paisajística y perceptiva de un municipio. En la segunda parte se tratarán las estrategias con las que podemos contar para ello.

Más información: Rubio Gil, Á., Fernández de Alarcón Roca, B., & González Arnedo, E. A. (2023). El marketing olfativo en el nuevo hotel experiencial: Un estudio a través de las opiniones del sector hotelero y su clientela. Cuadernos de Turismo, 51, 19–49. https://doi.org/10.6018/turismo.571451


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Gracias por compartir con la comunidad los estudios que publicas, @Ángeles Rubio Gil 😃 Un artículo especialmente útil para todas y todos los que se dedican al sector del turismo.

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